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LA VERDAD LOS HARA LIBRES.

Por: YAMIL DIAZ ROMAN | Publicado: 04/01/2016 23:31 |

Entonces, Yahshúa les dijo a los judíos que habían creído en él: “Si ustedes permanecen en mi mensaje, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”.Yohanan 8:31-32 (VIN)
Siempre se ha preguntado cuál es esa verdad que dijo el Mesías que dará libertad, ¿y liberará de qué? Algunos dicen que la verdad es la Instrucción de Yahwéh, sus Mandamientos, su Palabra, porque está escrito en Yohanan 17:17 “Santifícalos con la verdad; tu palabra es la verdad.”. Si bien eso es correcto e indudable, que la Palabra de Yahwéh es la verdad y libera de la ignorancia, pongan atención que el Mesías les hablaba a judíos que ya conocían esa verdad. Y es obvio que los judíos conocían los Mandamientos del Altísimo, o sea la Ley o Toráh. Entonces, el Mesías está hablando en ese pasaje de otra verdad, más allá de la Palabra de Yahwéh.
Resulta entonces que la verdad que conocerían esos judíos es la revelación del Mesías. Pues el Mesías es el “Verbo” o Palabra del Amo del Universo, el portavoz más perfecto y fiel a Yahwéh, por medio de quien Él creó todo. Esa revelación es de la verdad adicional a la Palabra del Altísimo, la manera más correcta de aplicar esa Palabra. Por una parte, eso es lo que produce la fe en el Mesías, la fe correcta con la obediencia a la Palabra/Mandamientos de Yahwéh. Pero hay más con respecto a esa verdad del Mesías.
El Apóstol Shaúl de Tarso (Pablo) ha dicho:
Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza carnal, el bien no es permanente. Porque hay en mí el deseo de hacer el bien, pero no alcanzo a realizarlo. No hago el bien que quiero hacer; en cambio, el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago. Ahora, si lo que no quiero hacer es lo que hago, ya no soy yo quien actúa así sino el pecado que mora en mí. Así que cuando quiero hacer el bien me encuentro con la realidad de que el mal está presente en mí. En mi ser interior, me deleito en la Toráh de Yahwéh; pero en mi cuerpo percibo un principio diferente que combate contra la inclinación de mi mente y que me hace prisionero de ese principio de pecado que hay en mi cuerpo. ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de esta realidad que me lleva a la muerte? ¡Gracias a Elohim que cuento con Yahshúa el Mesías, nuestro Maestro! Así que yo mismo con la mente le sirvo a la Toráh de Yahwéh; aunque mi cuerpo esté sujeto al principio del pecado.Rom 7:18-25 (VIN)
Shaúl explica una realidad que sucede en el ser humano que busca vivir de acuerdo a los Mandamientos de Yahwéh, en esa impotencia de querer hacer siempre lo bueno, pero tropezando al estar bajo la influencia del poder carnal, o la debilidad humana que se heredó como castigo desde Adam cuando tropezó con su desobediencia. Lo que Shaúl da a entender es una diferencia entre quienes quieren vivir sólo de acuerdo a los Mandamientos, sin el Mesías, y los que lo desean con él. Por eso dice: “¡Gracias a Elohim que cuento con Yahshúa el Mesías, nuestro Maestro!”.
¿Por qué ha dicho eso Shaúl, en cuanto a estar agradecido por el Mesías? La respuesta está en el siguiente capítulo:
Así que no hay ahora ninguna condenación para los que están en el Mesías Yahshúa, porque el régimen del espíritu de vida en el Mesías Yahshúa te ha librado del régimen del pecado y de la muerte. Porque Elohim hizo lo que no podía hacer la Ley/Toráh, por no tener poder sobre la naturaleza carnal: envió a su propio Hijo con una naturaleza semejante a nuestra naturaleza pecaminosa a causa del pecado, y en su persona condenó el pecado. Esto fue para que nosotros podamos cumplir con la justa exigencia de la Toráh, ya que no procedemos dirigidos por la inclinación carnal sino por la inclinación espiritual.Rom 8:1-4 (VIN)
Pongan atención que Shaúl dice que “no hay ahora ninguna condenación para los que están en el Mesías Yahshúa”. Esa palabra “están” tiene un valor diferente a “decir creer”, por un lado. Por otro, Shaúl muestra que la Toráh, o sea, el conjunto de Instrucciones de Yahwéh, no tiene el poder de salvar a una persona porque no puede vencer el poder carnal. Como explicó en el capítulo anterior, la Toráh muestra cuáles son pecados o transgresiones a los mandamientos del Altísimo. Pero sólo con eso no alcanzaba, y uno quedaba expuesto a la muerte por vivir transgrediendo los mandamientos. Era necesario que viniera otro poder, el Mesías enviado por Yahwéh, para que lográramos entrar en ese “régimen del espíritu de vida”. Este régimen nos libra de la muerte, nos libera de la condenación que causaba la Toráh sin que ella sea mala, al contrario. A la Toráh o Ley le faltaba esa fuerza complementaria que es la vida en el Mesías.
Por eso se entienden perfectamente sus palabras siguientes (en Mat.5:17, TKIM): “No piensen que he venido a abolir la Toráh o los Profetas. He venido, no a abolir, sino a completar.”. Pero es importante entender que una cosa es decir que se cree en el Mesías y otra cosa es vivir en él, con una verdadera creencia o fe. Porque sólo decir “creo”, pero dejándose llevar por la inclinación carnal, hace que el espíritu del Mesías y el de Yahwéh no moren en el alma de uno para obrar como debe ser. Por eso también dijo Shaúl:
Sin embargo, ustedes no se dejan llevar por la inclinación carnal, sino por la espiritual, si es que el espíritu de Yahwéh mora en ustedes, porque si alguno no tiene el espíritu del Mesías, no es de él. Pero si el Mesías está en ustedes, el cuerpo seguirá sujeto a la muerte a causa del pecado, pero el espíritu vive a raíz de la justificación.Rom 8:9-10 (VIN)

Por tal razón, “no ser del Mesías” se puede dar en dos circunstancias: 1) Al no creer en él. 2) Al decir que se cree en él, pero no se vive en él. Por eso es tan importante elegir la vida en el Mesías según la inclinación espiritual. Esta es la gran verdad que trae el Mesías, una renovación de la vida de las personas para que dejen de vivir mundanamente sujetas al poder carnal. Por eso dijo el Apóstol (en 2Co 5:17): “De modo que si alguno está en el Mesías, es una nueva criatura; las cosas viejas pasaron; ahora todo se ha hecho nuevo.”.
Y esa vida en el Mesías permite vivir espiritualmente obedeciendo a Yahwéh el Todopoderoso, no carnalmente buscando transformación y justificación sólo por medio de la intención de obediencia, sino ahora con poder que el espíritu del Mesías nos da para cumplir eficazmente con la Voluntad del Yahwéh. En el Mesías, la Toráh ya no condena, al contrario, muestra lo que se está haciendo bien, y lo que falta hacer o corregir. Pero esa Instrucción de Yahwéh se transforma en absoluta vida al estar en el Mesías, no sólo en vida eterna, sino también en vida feliz en este mundo a pesar de todas las dificultades y debilidades que aún se conservarán. Las pruebas difíciles serán siempre para nuestro bien, para ayudarnos a crecer espiritualmente, para corregirnos y mantenernos apegados a Yahwéh. Estaremos sujetos a la muerte natural en este mundo, pero vivos para siempre gracias al espíritu del Mesías. Y esa es la gran Verdad que libera del poder carnal y de lo mundano, hace a una persona una nueva creación, llenándola de sabiduría verdadera proveniente del Santo Bendito Es, dándole una nueva vida para servir al Padre Celestial según el ejemplo perfecto de su Hijo YAHSHUA el Mesías.
SHALOM
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